
Lo deja muy claro mi compi (blogger) Rafa (excompi de lugar de trabajo), las diferencias estéticas entre unos establecimientos y otros, el servicio que en ellos se ofrecen, las variedades y calidades de los productos con los que se trabajan, son elementos, digamos, técnicos que marcan algunas de las pautas en el momento del desempeño de las diversas funciones. Ya solo el hecho de cambiar de departamento, como es el caso de "el otro", hace que tengas que entender y dominar ciertas cuestiones importantes relacionadas con los artículos con los que se trabajan. Obviamos contar que no es lo mismo que te pidan un gin-tonic o una caña, que tengas que servir en una mesa un solomillo con hielo, limón y espuma. Y digo lo de servir recurriendo a la memoria y recordando otra hostelería que cada vez dista más de los autoservicios, self-services, buffetes o como diablos quieran llamarlos y que es lo impuesto actualmente en prácticamente todos los complejos hoteleros, al menos los que tienen que ver con los destinos de sol y playa. Sin mencionar los "todo incluido" o "all inclusive".
Volviendo al tema, al margen de todas estas diferencias y de muchas otras, independientemente del lugar, de la época, de la categoría, y por encima de todo ello está EL CLIENTE.
¡Ooooh el cliente! Esos curiosos personajes. Esos seres de los que tanto aprendemos, a los que proporcionamos momentos de placer, con los que compartimos conversaciones y ratos muy agradables, desagradables, forzadamente amenos, y de los que en ocasiones no nos queda más remedio que reírnos.
¡Oh el cliente! Grandes clientes hemos sido todos y los que nos dedicamos a esto somos los más críticos, positiva y negativamente de los que nos han servido.
¡Oh el cliente! Que concepto más ambigüo y general tiene del camarero. Por una parte nos ha elevado a la altura del terapeuta emocional con su paciencia detrás de la barra y su predisposición a escuchar cualquier cosa y por otra nos ve como una persona dispuesta a engañar no se porque motivo y como alguien poco fiable. Aún recuerdo muy vivamente a aquella mujer que me aseguraba que no le gustaban los camareros, que no se fiaba de ellos. Del mismo modo que si dijera que no le gustaban los pimientos rellenos. O la que le recomendaba a la que ahora es mi esposa, que tener un novio camarero no le iba a proporcionar mucha seguridad por su fama de libertinos.
Y claro que habrá profesionales de los que no recomendaría a nadie su compañía del mismo modo que habrá finlandeses que muestren sus emociones e italianos de comportamiento moderado.
Si por algún motivo que no se me ocurre, tuviera que clasificar a los clientes por categorías no sabría por donde empezar:
-Simpáticos-Antipáticos
-Soberbios-Humildes
-Divertidos-Aburridos
No lo sé como no sé ni quiero saber como clasificaría a los humanos.
Porque hay mucho capullo al que tu rol te obliga a sonreír y mucha gente adorable a la que siempre estaría abrazando pero que ese mismo rol te lo impide.
Y yo soy de los que piensan que el cliente no siempre tiene la razón, pero usemos la diplomacia que nos puede salvar de pasar malos tragos.
Vaya, parece que no ha quedado muy divertido. A ver si con el próximo estoy de mejor humor.