viernes, 23 de abril de 2010

Fiestón (miguel)


En una ocasión asistí a una boda entre finlandeses. Se trataba de una boda muy íntima y familiar. No más de quince asistentes.
Finlandia, un país del que no se prácticamente nada más que hace frío y hay renos. Nunca he conocido a nadie de esta nacionalidad lo suficiente como para intercambiar más de tres frases. Pero si es cierto que en hotel en el que trabajo, a menudo tenemos clientes que provienen de este país. Y es en este hotel donde pude observar como celebraba esta familia la boda entre dos de sus miembros.
En esta celebración, que más que familiares, parecían un grupo de empresarios pensando mientras comían, como vender su producto al comensal que tenía enfrente, pude observar como no existían gestos y comportamientos propios de un acontecimiento de tal importancia (bueno...importancia, quizás esté siendo muy subjetivo). Vamos que el clásico ¡¡VIVAN LOS NOVIOS!! o ¡¡QUE SE BESEN LOS PADRINOS!! o incluso ¡¡QUE EL CAMARERO SE MORREE CON LA NOVIA!! no tenían razón de ser para estos humanos (en apariencia). Imagino que la latitud en la que por mala suerte se ven obligados a vivir, que el frío propio de esta zona, o yo que coño se, les impide manifestarse más efusivamente. Les impide manifestarse.
Y así fué como transcurrido este tiempo que ocuparon en nutrirse, yo no pude diferenciar que en esa parte del restaurante se estaba celebrando nada si no lo hubiera sabido con anterioridad.
Curiosamente unos días antes, mi compañero Rafa, "el otro", me había definido el carácter de estos nórdicos en concreto, con un ejemplo en el que no dejé de pensar mientras participaba como secundario en el acontecimiento. Él me explicaba que a un finlandés le puedes dar la noticia de que acaban de asesinar a toda su familia o la de que le ha tocado con la lotería un premio de un millón de euros, que su expresión no variaría un ápice.
Oiga, dejémonos de prejuicios y no generalicemos, pero hasta el momento esta es mi experiencia con los habitantes de esta parte del planeta.

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