
Parece que ha tenido una gran aceptación en los negocios que lo están usando. Según ellos optimiza el servicio y agiliza la atención haciéndola "más personalizada". Yo me muestro bastante escéptico y no me veo trabajando con una consola con forma de reloj en la muñeca.
Pienso que un buen profesional sabe, con un margen de error mínimo, con tan solo mirar la mesa y los gestos y expresiones de los comensales cual son las necesidades de esta en cada momento.
También opino que trabajadores con experiencia suficiente proporcional a la motivación en cualquier ramo, no son los que más abundan y más en un sector como la hostelería, etiquetado no sin motivo como uno de los más ingratos.
Y este invento, tenga acogida masiva o no, no dejó de causarme cierto estupor y nostalgia, que digo yo que puede ser rentable en el sentido de economizar movimientos y como nos contará Rafa, optimizar esfuerzo, pero coño, que en uno de los oficios en que el trato personal es una de las insignias diferenciadoras no deja de tocarme los huevos que una maquinita en forma de pulsador para el cliente y otra que consiste en un localizador para el camarero se interponga en esa relación.
Sin embargo he leído que los más entusiasmados con el artilugio son los propios clientes. Confío en que el origen de este entusiasmo radique en lo novedoso del aparato y en ese gusto general por tocar botoncitos y no nos veamos obligados a convivir con esto en el futuro en todos los establecimientos.
Después de esto queda patente, de entrada mi aversión hacia el producto en cuestión. Que igual que digo una cosa te digo la otra, y una vez probado llegada la ocasión mi opinión sea la opuesta.










